STROESSNER Y LOS AÑOS DE TRANQUILIDAD DESESPERADA

Por Nemesio Barreto Monzón

 
En una entrevista concedida a Madeline Foley -"Wisdom", NBC 1955- cuenta el músico catalán Pau Casals que el 18 de julio de 1936 estaba ensayando la 'Novena sinfonía' de Beethoven y recibió la orden de abandonar el local porque las tropas de Francisco Franco podían atacar en cualquier momento. 18 años después, a Beethoven le tocó la misma suerte. En la noche del 4 de mayo de 1954, el concierto que ofrecía el maestro Carlos Lara Bareiro en el Teatro Municipal de Asunción no pudo concluir; se lo impidió el golpe del general Stroessner, que provocó la caída de Federico Chavez. Si en el origen de la tragedia española estuvo la "Novena Sinfonía", de Beethoven, su "Sinfonía Heroica" fue para nosotros el preludio de treinta y cinco años de tranquilidad desesperada.

Entre las numerosas dictaduras que registra la historia del Paraguay, la del general Alfredo Stroessner, fue sin duda alguna la más temible, la más perversa y perdurable que ha soportado el pueblo paraguayo. Ahora que el nieto del dictador, Alfredo Stroessner Domínguez se lanzó a la arena política, reivindicando la "larga era de paz y de progreso" que vivió la "República de su abuelo", es oportuno hacer un poco de memoria. Como parte de un trabajo más extenso, este resumen de iniquidades resultará naturalmente incompleto. No obstante, en este breviario de urgencia podrá apreciarse que en el régimen de Stroessner la tentación totalitaria se manifestó desde un principio y prueba de ello está en que ya en octubre de 1955 promulgó la Ley Nº 294, "De Defensa de la Democracia", y quince años más tarde, en 1970, con la complicidad de los "opositores alquilados" promulgó la liberticida Ley Nº 209/70, "De Defensa de la Paz Pública y Libertad de las Personas", ambas derogadas por Ley Nº 9/1989.

En 1955 el caudillo colorado Epifanio Méndez Fleitas y sus seguidores tuvieron que marchar al exilio ; en mayo de 1958 Stroessner recibe la "grata" visita de Vernon Walters y de Richard Nixon ; declarada la huelga general en el mes de agosto de 1958, la policía responde con una brutal represión, encarcelando a los principales dirigentes de la oposición, quienes no saldrían de prisión sino veinte años después. En marzo de 1959, un sector del Partido Colorado, reclamó la normalización institucional del país, a la que Stroessner respondió con la disolución de la Cámara de Representantes, enviando al exilio a quienes hicieron tan insensato reclamo. Los intentos que se hicieron para derrocar al dictador fracasaron, y para fines de 1962 el país estaba ya totalmente atemorizado (Véase: Archivador Nº 1.006, P. 687. Archivo del Terror).

Naturalmente, como es imposible hacer aquí un inventario de todos los males causados por la dictadura, sólo puede señalarse algunas de sus características, como la sistemática violación de los derechos humanos, la intolerancia política, la absoluta falta de libertades públicas, la corrupción generalizada, entre otras. El Estado de Derecho no existía, el monopolio de la fuerza y el aparato judicial eran utilizados conforme a los siguientes criterios : la arbitrariedad y la fuerza bruta contra los adversarios, garantía de total impunidad para los amigos y todo 'el peso de la ley' para quienes no se decidían a tomar partido.

El dictador Stroessner fue realmente implacable con los opositores a su régimen y contó, hay que decirlo, desde un principio con un selecto grupo de torturadores de los Estados Unidos de América. Un año antes del golpe contra el presidente Federico Chávez, en 1953, el futuro dictador, invitado por los generales Emil Kiel y Robert Stevens, visitó EE.UU y la Zona del Canal de Panamá (Decreto del 26/V/53 y Memorándum Confidencial, Washington, 6/V/54).

Estados Unidos de América -que ya había empezado su "guerra fria" con Rusia, y tras la reunión de Eisenhower/Stroessner, en Panamá, en julio de 1956-, asignó a Paraguay la imprecisa misión de jugar una guerra ajena, ofreciendo a cambio préstamos de la AID y los servicios de experimentados torturadores. Consecuentemente, a pedido de Estados Unidos (cuyo principal referente en Paraguay era el temible coronel Robert K. Thierry) el dictador Stroessner, convertido ya en una especie de exarca de los norteamericanos, comenzó apresando a los comunistas (anatema aplicada después a todos los opositores, en razón de tener precio per cápita en las ventanillas de cobro del Imperio), y terminó encarcelando hasta a los indiferentes. Tanto es así que, durante más de tres décadas, el grado de disidencia con la dictadura Stroessner decidía si los adversarios políticos debían ser enviados a la cárcel, al exilio o al cementerio.

No obstante, durante la prolongada dictadura, la propaganda oficial de Stroessner siempre insistió en el carácter democrático de su régimen, sin importar que sus adversarios pasaran décadas enteras en las cárceles. Para el general Stroessner no había contradicción alguna entre la existencia de prisioneros de conciencia y la 'democracia' por él postulada. Esta singular concepción de la democracia se apoyaba en los siguientes fundamentos : a) un derecho no consagrado no puede ser violado ; b) los comunistas no tienen ningún derecho : Ley 294/55 y 209/70 ; y c) todos los adversarios políticos del régimen son comunistas. De estas rígidas premisas extraía el dictador la conclusión de que el adversario político no tenía derecho alguno. Esta es probablemente la razón por la que los alabarderos del dictador no se sientan mortificados por problemas de conciencia, por haber apoyado la tortura, el destierro y el asesinato de miles de compatriotas.

Desde luego, como beneficiaria de la dictadura, la clase política -que aún hoy maneja el poder político y económico del país-, no tuvo inconvenientes ni reparos en aceptar como democrático el despótico régimen de Stroessner, un gobierno que violaba con total impunidad los derechos humanos. Las generaciones futuras, de hecho, habrán de recordar que destierro, prisión, tortura y muerte eran nombres de algunas estaciones de este calvario recorrido por miles de paraguayos. Mientras muchos envejecían en las cárceles o chillaban de dolor en las cámaras de tortura, para un grupo funesto de paraguayos, que se volvía cada vez más inmensamente rico, el festín parecía interminable. De nada sirvieron los reclamos porque los derechos humanos sean respetados, y no sirvieron porque los despreciables alabarderos del dictador no querían ver el enorme daño que estaban causando al país : prefirieron seguir ejerciendo profesionalmente la ceguera.

De pronto, el día menos pensado de 1989, el general Andrés Rodríguez, un consuegro eternamente insatisfecho, desaloja con otro golpe militar al más antiguo inquilino del Palacio de López. Civiles y militares salieron entonces de sus cuarteles a pactar los términos políticos y económicos de la transición. Los partidarios de la impunidad, apresurados en patentar la virtud de adecentar a los mercaderes de la muerte, terminaron confundiéndose con ellos. Desde luego, del blanqueo político, no podía esperarse otro efecto que el del agua bendita adulterada : la impunidad no iría a transformar en corderos a las fieras. La penúltima consecuencia de tal ilusión está a la vista : casi todos los partidarios de Stroessner están de regreso y así como están las cosas, pronto tendremos a otro dictador instalado en el poder.

A 17 años de iniciada la transición, los políticos que no creyeron en el "retorno de los brujos" y los "heraldos negros" de la impunidad deben estar íntimamente convencidos de que ya no habrá para ellos redención más saludable que beberse un abundante trago de cicuta.

Nemesio Barreto Monzón
Periodista Independiente
barreto@rieder.net.py

18/09/2006 23:25 Autor: paraguayinsolito. Enlace permanente.

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